http://20six.de/titania
powered by 20six.de
|
|
-ÁNGELES
UN ÁNGEL DIFERENTE
En el cielo había un ángel que soñaba. Dicho así, podría parecer normal, porque acá en la tierra todos soñamos. Soñar, realmente, parece ser bastante fácil…nos recostamos en cualquier parte…y dormidos o despiertos simplemente nos dejamos llevar por la imaginación.  Habitualmente soñamos con ganarnos la lotería… ¡cuántas veces lo hacemos!... o con tener un carro o una mansión. Nosotros los humanos, siempre estamos soñando. Pero esto no ocurre con los ángeles. Los ángeles solo son ángeles. Esto implica estar ocupados todo el tiempo en los asuntos de Dios y no deben distraerse de tales menesteres. Pero aquél ángel soñaba. Por éste motivo era un ángel diferente. ¿Y qué tipo de cosas podría soñar un ángel?...bueno, nuestro ángel deseaba comer fresas. Ah, porque allá en el cielo los ángeles no necesitan comer. Tampoco les da sed, tienen el agua viva del Señor y la eternidad. Nuestro ángel, sin embargo, no había superado este pequeño detalle que lo hacía distinto a los demás. Él había estado en la tierra de niño como humano. Recordaba con claridad el barrio soleado donde había vivido hasta los doce años. Había sido un muchachito -¡claro!- muy soñador que vendía cambures y mangos a la orilla de una gran autopista donde circulaba mucha gente. Pero en aquél tiempo, él hubiera preferido vender fresas que le parecían mejores.  Las fresas eran rojas, húmedas, jugosas y no se cultivaban en su patio. Siempre le parecieron inaccesibles. Cambures y mangos había en todas partes…eran dulces, sabrosos, si…pero los podía comer todos los días. En cambio las fresas… ¡bueno!... las fresas eran otra cosa.
 Una mañana, vio del otro lado de la autopista un camión, descargando grandes cajas de anime. Resaltaba el color blanco contra el sol y contrastaba su rojo contenido. No podía creerlo, eran fresas. Grandes y hermosas fresas. Tenía que tomar dinero de su venta de mangos para comprarlas. Pero los carros no dejaban de pasar y el camión se iba. Debía darse prisa. Y se hizo una gran oscuridad. Su último recuerdo fue, el billete arrugado en su mano y la suave comodidad de las nubes donde abrió los ojos. Ahora era un ángel supervisor. Estaba encargado de vigilar la oración de los pequeños ángeles de su nube. Y menos mal que éstos eran muy disciplinados, porque le habían evitado muchos malos ratos por descuido.  Y es que por soñar, a veces dejaba pasar errores. Una noche, nuestro ángel soñó que había fresas en la luna. Con los ojos cerrados, saboreó las bellas frutas que eran. tal como las recordaba…rojas, dulces, jugosas. Fueron horas de deleite. Aquellas fresas eran mejores que las del camión de la autopista. Más grandes. Más perfumadas. Y la luna fue perdiendo su forma redondeada. Alarmados, los ángeles que estaban en la fila dispuestos para orar titubearon, vacilaron un instante. Pero El Señor permaneció tranquilo. No importaba que la luna cambiara de forma, también así le gustaba. Su ángel por fin dejaría de soñar y sería totalmente feliz. Él lo amaba tanto que lo perdonaría. Porque Dios, ése Padre Bueno que está en todas partes, desea que nosotros, sus hijos, estemos contentos y sólo nos pide a cambio que confiemos en Él, que seamos fieles a sus mandamientos y mantengamos limpio el corazón. Fue una noche de fiesta. La luna se escondió. Ahora el día, radiante, está iluminado. Si cierras los ojos un instante, podrás oír el canto de oración del angelito que soñaba, diciendo: GLORIA A DIOS.  Susana del Rosal |
|
|
|
UN JUEGO DE ÁNGELES

Así que Issa era un ángel. Desde muy pequeñita estiraba su cuello para asomarse por las ventanas a mirar el cielo, lo que le hacía sostener la cabeza muy derecha. Sus ojos se quedaban largos ratos sobre el techo, lleno de reflejos de luces que hacían movimientos espirales, ondulantes, cónicos. Se quedaba muy quieta con la música del piano que a veces se escuchaba a lo lejos y se entretenía deslizando sus manos por la piel tan suave y blanca de sus pies. Dotada con toda la personalidad de un ángel, Issa conocía desde que nació el intuitivo impulso de quién era ella, pues lo sabía y lo sentía fuertemente en su corazón El único problema de Issa es que sus padres no pertenecían al cielo, ni su casa estaba rodeada de las ternuras y belleza que sus ojos buscaban, ni encontraba miradas apacibles ni amables atenciones.
 Issa llego al mundo dentro de un hogar austero y descuidado, con una madre tan fría y distante como la estrella polar, quien la cargaba con impaciencia y desespero y le hablaba con una voz ruidosa. Muy a menudo era arrullada por las riñas y el televisor y se quedaba dormida entre los suspiros de un llanto no atendido. Conforme la pequeña crecía, eso la ponía muy triste, casi no hablaba y era tímida, solitaria y cabizbaja, pues observaba que su alrededor no coincidía con su sentimiento extraordinariamente virtuoso.
 De esta forma Issa se hizo demasiado reservada y no tenía amigas porque sentía que ninguna niña podía serlo pues todas eran raras, envidiosas y hablaban de cosas muy aburridas por lo que prefería ponerse a dibujar rizos, líneas, alas, todos sus trazos en tonos azules, del mismo color que se vestía muy a menudo. Crecía y hubo el tiempo en que intentó complacer a los demás olvidándose de lo que sentía, pero la indiferencia y la ingratitud la llevaron a evitar la compañía de los adultos, con intereses extraños que ella no comprendía, no se daban de más, se guardaban sus poesías y su arte en la caja hermética de sus indecisiones, dudas y miedos.

Y mientras Issa vivía confundida, no sabía qué hacer en ese mundo, intentando asumir la actitud genuina de los ángeles dentro de un lugar burdo, frío y muy cuidado de la imagen y de la apariencia.
Issa comenzaba a volverse una mujer amarga, iracunda y caprichosa, pues había caído en el juego del ego, hasta que un día, como a todos llega, llegó una oportunidad a Issa, y una fría mañana cerca de la naturaleza, en el bosque, alguien le habló: “Ya se te olvidó, ¿verdad?”, le dijo aquella voz con autoridad y dulzura.
 Issa reconoció aquella voz, aunque no recordaba haberla escuchado antes. Sintió nostalgia al escucharla y vio en ese momento su propia vida, asumiendo en un instante la fuerte responsabilidad por la forma en que se sentía: un angel sin cielo. Así pues, ¿qué “demonios”estaba haciendo ahí, donde no correspondía? Recordó esa mañana de invierno todo el coraje y la tristeza que sentía y una suave inspiración toco su corazón. De pronto, aquel murmullo (de un ángel o de ella misma, no se sabe) le hizo notar con una implacable corazonada que quizá no era necesario tener el cielo para ser un ángel, que lo que sentía era lo que tenía que entintar en la Tierra y no dejarse entintar por los juegos tramposos de la Tierra.
 Issa entonces intentó crearse su propio cielo y comenzó a tratar a las personas como si fuesen ángeles. Era difícil, muy difícil al principio ver en las personas su lado generoso y no el que ellas mostraban. Se esforzaba por creer en la gente y por no desconfiar como todos le decían, por decir lo que sentía, aunque fuera algo raro, incongruente o hasta tonto: Hablaba de la muerte como si hablara de la vida y del dolor como el nacimiento de algo hermoso. El miedo, la ira y la enfermedad sólo eran recordatorios de que ella olvidaba lo que era y le servían para poner más empeño en ver el amor en el odio, en fortalecer su miedo con fe, en ver a los pájaros de colores alegres que vuelan debajo del trapo oscuro con el que se tapan las jaulas.  Cuando se desesperaba por no lograr lo que deseaba, al instante se acordaba que estaba en la Tierra y que había que entender el tiempo de otra forma, había que poner más atención en las etapas de la naturaleza y los importantes ciclos de la destrucción y la regeneración que preparan los frutos como dulce gratificación al proceso creativo. Ella aprendió a amar y admirar a todos los seres, aun aunque éstos fuesen impacientes, soberbios o tiranos, pues ella prefería ver lo que se escondía debajo de aquellos “egos alterados”. De esta manera, con observación, paciencia y entendimiento fue creando no a partir de la imagen sino a partir de lo que era, las oportunidades fueron cayendo “como del cielo”, amaba los trabajos que tenía como algo sagrado y solía sentir un profundo respeto por los espiritus naturales, o devas, quienes de una forma invisible sirven organizando y coordinando a cada organismo. La voz que le continuo hablando que era como el aire que le sacudía el polvo del miedo que contaminaba el ambiente no supo que o quien era, pero era como una sinfonía hermosa y recreativa.

Gracias al ingenio que ella utilizó para aprovechar los talentos creadores de su condición humana y poner a favor todo el inmenso poderío de su intuición y acción, había logrado sintonizar lo que era creando a partir de lo que sentía profundamente, aprendió a reírse de los trucos de los humanos y Todo era un juego de ángeles.

|
|
|
EL HADA Y EL ÁNGEL
A veces no nos damos cuenta del significado que es el amor puro, y quizás esta historia revele dentro de cada persona algunos de los sentimientos que se unen con el sentido del amor y aunque todo parezca ficticio seguramente alguien lo vivió o lo vivirá esta historia junto a mí. Era una vez un reino llamado Mar Azul, estaba en una gran isla rodeada de un mar casi inexplicable, su belleza era inigualable, los delfines danzaban por la mañana y por la tarde los bancos de peces saltaban formando pequeños arco iris. 
En sus bosques las hadas iluminaban sus senderos llenando de magia todo lo que a su paso estuviera. Mar Azul estaba gobernado por un rey cuya bondad, sabiduría, dedicación y amor era infinito.La gente de su reino vivía muy feliz, excepto una sola persona, el hijo del rey, aunque el rey y su pueblo le daban todo para que sea feliz, el príncipe no lo era. Se decía que se lo veía caminar todas las mañanas por las playas y se sentaba en la costa a admirar aquellos delfines y su hermoso mar, nunca se desprendía una sonrisa en su rostro, en sus ojos se veía su tristeza, en sus gestos se notaba su dolor.  Una mañana en medio del mar el príncipe vio una embarcación que se acercaba, lentamente se divisaba como crecía en el horizonte. Pronto corrió a avisar a su padre de lo que pasaba. EL pueblo, el rey y el príncipe se dirigieron hacia la costa para recibir a esta embarcación. Pronto ancló en su costa y un bote que a la lejanía era abordado, se dirigió velozmente hacia la costa. Todos estaban ansiosos de curiosidad, en es momento los ojos del príncipe cambiaron brutalmente, tomaron un brillo hermoso. 
Había visto a una dama en medio de los demás tripulantes en ese bote, era una mujer verdaderamente hermosa, sus ojos eran como dos esmeraldas, sus cabellos suaves al viento le hicieron sentir al príncipe una sensación casi inexplicable, una sensación que jamás había sentido. Pronto recibieron a los extranjeros, estaban de paso en busca de provisiones, ya que tenían un muy largo viaje a un continente, cual su nombre jamás recordaría. Los extranjeros se hospedaron en el castillo, la alegría del príncipe pronto se reconoció entre los sirvientes y el rey. 
El rey pronto organizó una fiesta muy especial y se lo comunicó a su hijo. Quizás esa fiesta sería la más grande que se organizara en su reino. Esa noche todos los habitantes de Mar Azul se acercaron, estaban todos invitados, las hadas salieron de sus bosques para ver la gran ocasión, las estrellas brillaban como nunca, la luna daba su hermoso esplendor sobre las colinas de aquel castillo, en sus jardines las luciérnagas no dejaban de resplandecer.  Llegó el momento del gran banquete, ahí estaba el príncipe con su traje real cuyos bordados estaban hechos de oro y plata. La dama vestía con un hermoso vestido bordado con perlas. Dicen que el príncipe y la dama no quisieron comer nada, solo estaban observándose y llegó la hora del baile real. El príncipe se acercó suavemente y galantemente invito a la dama a bailar, ella aceptó ya que estaba más impaciente que aquel príncipe. Bailaron toda la noche, en momentos parecían que ellos estaban solos y sus corazones latían juntos, solo la dama y el príncipe unidos en aquel baile. Salieron al patio real y en medio de aquella noche inolvidable sus miradas se cruzaron y existió solo ese momento, los corazones se pararon, en su mirada sus almas se unieron, y de los labios de aquella dama salieron las palabras más dulces que nunca el príncipe había escuchado, las hadas que presenciaron el momento supieron que aquellas palabras eran un poema, el príncipe sintió un calor gigante como una llama en su corazón y la abrazó fuertemente y la besó, sus almas brillaban más que nunca. Había nacido el amor. Al amanecer seguían juntos no podían separarse, el príncipe le mostraba la belleza de su reino, pero a pesar de todo, él sabía que ella debía partir junto con aquellos extranjeros. Surgió el momento de la partida, él no quería dejar a su amada, aunque le dejo libre su camino, pocas fueron sus palabras, solo dijo que la amaba y cuando el príncipe cerró sus ojos, se escuchó una voz dulce que le decía:Me quedaré por siempre, quisiera vivir a tu lado toda mi vida!!!. El príncipe sintió el amor, el rey sabía que la vida de su hijo había cambiado y su pueblo era muy feliz, que todo cambiaría en Mar Azul, ahora todos eran felices. 
Ellos vivían todos los momentos juntos, le daba todo lo que tenía y ella no lo dejaba de sorprender con sus poemas, paseaban por los bosques todos lo días, las hadas los observaban y sentían su amor, tanto que la magia de aquel bosque era grandiosa.  Pero un día el rey enfermó y el príncipe tubo que ocuparse de las tareas reales, aunque el sabía hacerlas bien, no tenía el tiempo que tenía antes para estar con su amada. Su amada caminaba sola por los bosques y playas, esperando ver a su príncipe que la pasaba metido en el castillo. A pesar de las bellezas de ese reino la felicidad se estaba apagando en el corazón en ella , pero el la amaba y sufría el tiempo que no estaba con su amada.  Esa noche el príncipe organizó un banquete en honor a aquel rey, y notó en la mirada de su amada que no le prestaba atención, la mirada de ella pertenecía ahora a aquel visitante, pronto esa noche escucho de su amada unas palabras que al igual de dulces como aquellas que siempre recibía, anunciaban el final y su despedida. 
La sonrisa se borró en aquel príncipe, sus ojos se apagaban al igual que se inundaban de dolor, y en medio de una tormenta la vio partir. Su amada no estaba, su reino ya no le importó, la tristeza lo invadió su corazón y un trueno se escuchó de dolor, y aunque su padre seguía enfermo, no pareció importarle  Y el sentía que lo poco que estaban juntos, no existía esa pasión que un día comenzó. Un día en la playa, la dama divisó en el horizonte un barco, que se acercaba a la costa y como ya había pasado el pueblo y el príncipe se acercaron a recibirlo.Este barco a diferencia del otro estaba con ornamentas de oro puro, era el barco de un rey, quizás unos de los más ricos en el mundo, la mirada que había surgido una vez en un príncipe había surgido ahora en aquella dama, pronto los recibieron y ella sabía que el amor hacia su príncipe se había apagado hacía mucho tiempo.  Caminaba todas las noches por los bosques con la mirada baja, jamás miraba el cielo, el mar, o todo lo que lo llenaba de ilusión en aquellos tiempos en que no conocía el amor, todo había desparecido. Una noche un hada lo vio sufrir, se llenó de tristeza, solo se acercó lentamente volando a su alrededor, pero el no subía su mirada, esa hada quería darle felicidad, ayudarlo, que saliera de aquel dolor. Así siguieron las noches y aunque el hada se le acercaba no parecía nunca escucharla. 
Pero al poco tiempo su padre falleció, el rey había muerto, el pueblo ya no era feliz, un dolor invadió aquel reino, el príncipe lloró por meses, pensando en que había perdido todo, a su amada y a su padre, y hasta su reino feliz.  El hada siguió acompañando a aquel príncipe, horas, días, meses, pero el príncipe un día desapareció!!!, nadie supo que pasó, muchos dijeron que fue en el acantilado, otros que desapareció en medio de aquel mar.  La tristeza y el dolor que no era poca había crecido en aquel reino, el hada lloraba desconsoladamente al igual que su pueblo. Su alma como un rayo ascendió a los cielos, estaba ahí en las puertas del cielo indescriptibles de su belleza, miró hacia tras y pensaba en su reino y soñaba con su amada. 
De pronto un frío invadió esa alma y paralizado no quiso cruzar aquel portal, se arrodillo en aquellas nubes llorando por todo lo que le había pasado. Dicen que pronto las puertas se cerraron y ahí estaba su alma llorando y llorando, penándose por el pasado. En su reino se sintió el dolor del príncipe, sabían que él estaba ahí pensando en ellos.  El hada miró hacia el cielo y dejó caer una lágrima, sentía también el dolor de aquel príncipe, que aunque jamás la escuchó, siempre tubo un afecto especial hacia él. Al poco tiempo, el alma de aquel príncipe se inundaba de dolor y tornaba en un color oscuro, tanto que parecía estar hecha de un negro azabache, y el dolor así como crecía en su alma, crecía en su reino. 
El hada pensaba solo en aquel príncipe, la magia del bosque se apagaba, y los delfines y peces ya no danzaban, Mar Azul desaparecía poco a poco. Después de mucho tiempo, el alma del príncipe recordaba esas dulces palabras que formaban aquellos poemas y descubrió que sus poemas llegaban a sentirse en su reino, la gente los sentía igual que su dolor, el hada los escuchaba y llenaba de amor su corazón.  El príncipe se dio cuenta que su alma tornaba vida, solo tenía que decir lo que sentía, lo que salía de su alma. Un día el hada inspirada por esa fuerte atracción a esos poemas que rondaban en aquel reino, se dirigió al punto más alto de Mar Azul. Ahí miró hacia el cielo y sentía a su príncipe que estaba ahí y que casi podía tocarlo. El príncipe miró a aquella hada que lo miraba. Del hada se desprendieron lágrimas, y en aquella alma azabache, comenzó a transformarse, solo deseaba estar al lado del hada, y unas alas hermosas surgían del alma, se estaba transformando en un ángel. Dicen que dios estaba presenciando su atracción, y le dio aquellas alas. De pronto el hada quedo inmutada, viendo a aquel ángel descender de los cielos, al verse una explosión de luz ocurrió, unas palabras dulces que no eran tristes surgieron del ángel, al ver que aquel ángel le daba su amor puro, el hada se conmovió y sintió que aquel ángel era lo que siempre soñó, la magia del amor del hada lo cubrió. Él se acercó al hada y la cubrió entre sus alas, todo cambió, se vieron los delfines danzar, los peces saltar, el bosque renació y el reino empezó a vivir de vuelta la felicidad, aunque nadie sabía porqué, solo sentían que el dolor de aquel príncipe había terminado, él era libre!!.  Aunque el ángel y el hada sabían que su amor era imposible ya que pertenecía a distintos mundos, ellos solo vivieron aquel momento. El ángel dicen que volvió al cielo, el hada está en aquellos bosques recordando a su ángel. Solo Dios sabe lo que pasó con aquel ángel, algunos otros dicen que Dios le dio un cuerpo y que está en aquel bosque amando a su hada. Y eso quizás sea verdad porque en aquel bosque se siguen escuchando los poemas del ángel por su verdadera amada, la que jamás lo abandonó, la que lo amó por siempre, la que le dio el verdadero amor, aquel amor que en principio no vio, pero ahí estaba a su lado..... 
Black Ángel
|
|
|
EL NIÑO Y ÁNGEL
En un lugar muy lejano, donde todo sueño se hace realidad, llegaron los sueños de un niño que aquí les voy a contar. 
- ¡Mamá!, siéntate a mi lado. Anoche tuve un lindo sueño que no puedo dejar de contar, escucha mamá: quería descansar y descansar y de repente me sentí como si estuviera flotando. Era una sensación fascinante, pues nunca antes lo había sentido. Abrí lo ojos y comencé a ver a mi alrededor muchas nubes y varios caminos y en cada uno había una puerta con un letrero el cual no alcanzaba a leer.  Me fui acercando, mamá, sentí curiosidad, no sé que me pasaba pero algo me empujaba hacia allá. Llegué a la primera puerta y decidí tocar, me abrió una señora muy alta ¿y sábes como se llamaba mamá?, Obediencia, entré, era un salón muy grande donde había muchas reglas que tenía que cumplir, y así lo hice mamá, recordé todo lo que tú me dices, fue hermoso. Salí y me encontré con la segunda puerta, angosta pero muy segura Toqué dos veces, ¿adivina quién me abrió?. Una señora pequeñita llamada: Responsabilidad, casi no la veo mamá, me tomó de la mano y me enseñó un laberinto donde podía jugar y a la vez aprendía a ser responsable, lo pasé divertido, pero me cansé un poco. Salí. Estaba la última puerta, ésta me llamó mucho la atención por el color y por su decoración y aquí si que sentí más curiosidad, pues nadie salió a recibirme, adelanté tres pasos y en ese momento se encendieron muchas luces, era la familia Sinceridad y cada miembro de la familia me decía frases lindas y sinceras y además me entregaba cada uno un paquetico que contenía cariñitos y mucho amor, y me dieron la misión de que los repartiera por todo el mundo ya que hace falta vivir esto entre las personas, el afecto y mucho amor.  Al salir de este cuarto sentí que un ángel me cogió de la mano y me dijo: ven te mostraré quien creó todo lo que acabas de conocer. Caminé con inmensos deseos de saber de qué se trataba, tenía susto mamá, finalmente llegamos y nos detuvimos frente a una puerta gigantesca que tenía unas iniciales que casi no podía leer. El ángel tocó un timbre y la puerta poco a poco se fue abriendo, mi corazón latía y latía hasta que el ángel me dijo: niño, mira quien está al frente tuyo. Miré y grité fuertemente:  "MAMÁ ERES TÚ", y tú me contestaste: -si hijo soy yo-. Y el ángel replicó: -es ella la autora de todas las puertas que tocaste.- Nos abrazamos fuertemente y en ese momento desperté y vi que mi sueño se hizo realidad. ¿Te das cuenta mamá, por qué no puedo dejar de contar este sueño?  MORALEJA: resaltar las enseñanzas de la madre y recordar las virtudes principales a educar en la primera infancia.
Ana Victoria Villa de Trujillo
|
|
|
|