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-FANTASIA
EL PAYASO DESCUIDADO
Había una vez un payaso llamado Limón. Era muy divertido, pero también muy descuidado, y con casi todo lo que hacía terminaba rompiéndose la chaqueta, o haciéndose un agujero en el calcetin, o destrozando los pantalones por las rodillas. 
Todos le pedían que tuviera más cuidado, pero eso era realmente muy aburrido, así que un día tuvo la feliz idea de comprarse una máquina de coser de las buenas. Era tan estupenda que prácticamente lo cosía todo en un momento, y Limón apenas tenía que preocuparse por cuidar las cosas.  Y así llegó el día más especial de la vida de Limón, cuando todos en su ciudad le prepararon una fiesta de gala para homenajearle. Ese día no tendría que llevar su colorido traje de payaso, ese día iría como cualquier otra persona, muy elegante, con su traje, y todos hablarían de él. Pero cuando aquella noche fue a buscar en su armario, no tenía ni un solo traje en buen estado. Todos estaban rotos con decenas de cosidos, imposibles para presentarse así en la gala. Limón, que era rápido y listo, lo arregló presentándose en la gala vesido con su traje de payaso, lo que hizo mucho gracia a todos menos al propio limón, que tanto había soñado con ser él por una vez el protagonista de la fiesta, y no el payaso que llevaba dentro... Al día siguiente, muy de mañana, Limón sustituyó todos sus rotos trajes, y desde entonces, cuidaba las cosas con el mayor esmero, sabiendo que poner un remedio tras otro, terminaría por no tener remedio.  Autor.. Pedro Pablo Sacristán
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EL BOSQUE ENCANTADO
 En un país muy lejano, vivía una niña, llamada Iridessa cuyos padres eran personas muy buenas, el lugar estaba lleno de flores, aromas ricos, mariposas siempre volando, era un lugar lleno de colores mágicos y la alegría estaba en la cara de todos los que allí vivían.  El lugar, llamado Villa Maravillosis, era un bosque encantado lleno de hadas y buenos duendes. Iridessa era una niña hada, que tenía siempre una sonrisa en su cara; todos eran amigos de ella, por su bondad había sido declarada el hada bondadosa de Villa Maravillosis., todos la querían.  Un buen día, algo terrible pasó. Iridessa había desaparecido. Duendes y hadas buscaron por todos lados del bosque, y sus caras que siempre estaban llenas de alegría, se habían transformado en caras de tristeza y preocupación. ¡Cuánto lloraban sus padres y sus amigos! Hasta las mariposas dejaron de volar.  Las flores perdieron su color y Villa Maravillosis se transformó de repente en un lugar lleno de pena. Un duende llamado Sam, que era el duende más inteligente de todos los duendes, tuvo una gran idea.  Se le ocurrió, que toda esta desgracia, ocurría por la envidia de los ogros, principalmente por el gran ogro llamado Otus, que no quería a las hadas porque ocupaban su lugar favorito en el bosque. Otus, siempre pensó, que la mejor manera de echarlos era transformar sus vidas alegres en tristes, y la mejor manera era haciendo desaparecer al hada preferida de laVilla, de esta manera todos abandonarían el lugar y los ogros se apoderarían de él.  En Villa Maravillosis estuvieron de acuerdo con Sam y decidieron tenderles una trampa a los ogros para rescatar a Iridessa. Todos sabían que los ogros siempre se tentaban con los hongos mágicos de las hadas, entonces para lograr atraparlos, principalmente a Otus, pusieron una gran canasta llena de hongos mágicos, pero con un condimento especial preparado por Gertrudis, que era el duende encargado de espantar ogros.  El condimento era una pimienta muy potente que una vez fue traída por una bruja llamada Maruja que no era una mala bruja. Cuando Otus se acercó a la canasta de hongos y se puso a comerlos desesperadamente, comenzó el gran estruendo, estornudos y estornudos sin parar y lo único que pedía era que lo liberaran del hechizo, entonces Gertrudis le dijo que lo liberaría si ellos primero entregaban a Iridessa y prometían no molestarlos más.  Otus que seguía estornudando, prometió no molestarlos y a cambio de que lo liberen de los estornudos molestos, devolvió a Iridessa. Ese día todo el bosque festejó la llegada de su hada bondadosa. Fin  El bosque encantado. Mailén Martín, escritora argentina. Cuento infantil sobre bosques, ogros y brujas
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EL OGRO DE LAS MAZMORRAS
 En un castillo lejano vivía la familia real, con los reyes y su hijo, el pequeño príncipe Humberto, un niño travieso e intrépido que solía meterse en problemas debido a su falta de miedo. No faltaba el día en que los reyes recibieran la visita de algún súbdito que había encontrado al pequeño príncipe haciendo diabluras trepado de un techo o bajando por un aljibe. Y esos eran los días tranquilos, pues el rey debió batirse con un terrible dragón, la vez que Humberto se acostó a dormir en su nido, porque estaba fatigado después de haber explorado la cueva en la que vivía el dragón. Y como esta historia, había muchas más. 
Pero el día que nos preocupa, Humberto recorría el castillo, atravesando los pasadizos más secretos, desconocidos hasta por el rey y su general al mando. Estos ultra secretos pasadizos llevaban a la mazmorra perdida. Una celda de alta seguridad, incrustada en lo más profundo de los cimientos del castillo, que casi todos ignoraban. Estaba nuestro niño muy entretenido observando la tremenda puerta, cuando un golpe terrible la hizo temblar. Menudo susto se llevó Humberto, pero no tardó en recomponerse e interrogar al responsable: - ¿Quién eres?- preguntó el pequeño.
 - ¡Grrrrrrrrrrrrrrrrr!- fue la respuesta. Con mucha habilidad, Humberto trepó hasta el ventanuco de la puerta y miró hacia adentro. Estaba tan oscuro como la muerte y no pudo ver nada. Recordó entonces que llevaba unas cerillas y una vela por si se hacía la noche antes de que regresara a su casa. Los encendió y metió la manita con la vela, dentro de la mazmorra. Pudo ver entonces claramente, la figura espantosa de un ogro muy sucio que lo observaba. No dudó en hablarle: - Tú, ¿quién eres?- dijo el niño. - ¡Grrrrrrrrrr!- respondió el ogro. - No tengas miedo que no te haré daño. Eres un ogro muy guapo y quiero conocerte.- dijo el niño intentando que el ogro entrara en confianza. 
El ogro realmente quería charlar con el príncipe, pero no sabía cómo. El pequeño Humberto notó en su mirada, que deseaba comunicarse y por eso le pidió que se acercara para enseñarle cómo hablar. El ogro se acercó y observó atentamente las instrucciones del principito. El primer día no tuvo muchos progresos, pero en los siguientes, el ogro demostró que no sólo tenía voluntad, sino que era muy inteligente. Cuando ya pudo hablar, contó a Humberto que había sido encerrado porque creían que se había comido a un niño del pueblo. Pero esto era una gran mentira, el niño había huido de su hogar con la ayuda del ogro, pues sus padres eran muy crueles y lo mantenían atado en el patio durante días, sin importarles el clima ni los lamentos del niño.  Ese día, Humberto no pudo dormir pensando en aquella injusticia y decidió liberar al ogro. A la mañana siguiente, llegó muy tempranito hasta la mazmorra, armado con un martillo y un punzón, para romper los candados que retenían al ogro. Cuando finalmente liberó a su amigo, el ogro estaba muy agradecido y le concedió un deseo antes de irse. Humberto no necesitaba nada y era feliz, de modo que pidió para su amigo el ogro una nueva oportunidad. El ogro se sintió tan conmovido que derramó una lágrima. Abrazó a su salvador y partió hacia la noche y ya no volvieron a verlo. Pero con mucha frecuencia, Humberto encuentra una cinta violeta amarrada a la rama de un encino en el bosque. Esto es una señal de que el ogro estuvo allí y le dejó un saludo.  Autora: Andrea Sorchantes Valor del cuento: “El ogro de las mazmorras”Este cuento nos habla sobre el valor de la amistad, la confianza y la falta de prejuicios. Todas cualidades que hacen que las personas mejoren su relacionamiento y se ayuden mutuamente. 
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EL MALVADO SECUESTRADOR DE HADAS
Había una vez un malvado hombre que quería acabar con el bien en el mundo, y por eso debía ir en busca de todas las hadas del planeta, y encerrarlas en una habitación, de la cual no fueran capaces de salir nunca jamás, y así nunca más existirían las cosas buenas, sino que habría maldad y oscuridad.  Randor, el hombre malvado, había conseguido secuestrar a dos hadas, María y Victoria, las cuales se encontraban recluidas en esa fría habitación, dónde nunca entraban los rayos del sol, pues no había ventanas y apenas entraba la luz por la puerta. Como todos los días, el malvado Randor, saldría en busca del resto de hadas del mundo.  Pero, las hadas sabían que las estaba buscando para secuestrarlas y así acabar con el bien en el mundo, así que utilizaban su magia para volverse invisibles y que no las pudiera encontrar. Cristín, era una jovén hada que se encargaba de cuidar a los animales que había en el planeta, gracias a sus pócimas mágicas, conseguía el equilibrio necesario para que éstos pudieran sobrevivir a los contratiempos. Sin embargo, la joven Hada, no sabía que el malvado Randor, iba persiguiendo a todas las Hadas del mundo, pues era algo despistada.  Cuando Cristín se encontraba en el bosque observando a los animales, y repartiendo sus pócimas mágicas entre todos ellos, Randor la encontró, y sigilosamente fue acercándose hasta dónde estaba el hada de los animales, hasta que de repente, se abalanzó sobre ella y sin darle tiempo a que pudiera reaccionar, la metió dentro de un saco para llevársela a la habitación oscura, de dónde nunca más podría salir.  - “¡Socorro, socorro!“, gritaba Cristín una y otra vez, sin que nadie pudiera escucharla, pues Randor, había preparado el saco de tal manera que, el sonido de los gritos no pudiese salir al exterior, y además, que ninguna pócima de las hadas fuera capaz de destruir el saco. - “Jajaja ya tengo otra hada más secuestrada. Pronto acabaré con el bien en el mundo“, se reía el malvado Randor. Pero lo que no sabía el malvado secuestrador de hadas, era que existía un hada a la que nadie conocía, ni si quiera el resto de hadas sabían de su existencia, pues era el hada encargada de cuidar al resto de hadas.  Esta vieja hada se llamaba Mili, y sabía que sus hadas se encontraban en un grave peligro, así que estaba preparando una pócima mágica para encontrarlas y salvarlas de las manos del malvado Randor. Después de mucho trabajo, el hada Mili, había terminado esta complicada pócima. Cogió su escoba mágica, bebió la pócima mágica y a continuación dijo: “Hadí, hadás, buscar“. De repente, el hada Mili se encontraba en la puerta de la habitación oscura, donde estaban secuestradas las hadas, y sin perder un segundo, abrió la puerta antes de que fuera demasiado tarde, y el malvado Randor se diera cuenta de que estaba allí, y salieron corriendo para ponerse a salvo. Así fue, como Randor no pudo lograr llevar a cabo su maléfico plan y acabar con el bien y la bondad en el mundo, pues las hadas buenas consiguieron vencerle. FIN Sacado de la Red
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LA BRUJA DE LA TELEVISIÓN
 Un día como tantos, en que Tomás miraba la televisión solo en su casa, mientras esperaba a que su mamá regresara del trabajo, apareció una bruja en televisión. Era muy fea y su cara era maligna, a Tomás le dio mucho miedo pues pensaba que en cualquier momento, la bruja lo miraría directamente a los ojos para decirle que conocía todas las maldades que había hecho ese día. Pero la bruja ni se dio cuenta de que Tomás la miraba, y continuó preparando sus embrujos como si nada. 
El pobre Tomás pudo descansar un poco, porque nadie le contaría a su mamá cuando llegara, que se había comido todas las galletas que ella guardaba en la cocina, ni que había roto el vidrio de la ventana del comedor. Ahora podría echarle las culpas de todos a algún ratoncito o hacerse el distraído y fingir que nada sabía de los asuntos en cuestión.  En el fondo, Tomás no era malo, pero no podía resistirse a una diablura cuando la oportunidad se presentaba, y como sus padres trabajaban todo el día y él debía permanecer muchas horas solo, nunca faltaban oportunidades para hacer cosas indebidas. Cuando la bruja volvió a aparecer en televisión, Tomás miraba sin preocuparse, pero de pronto la bruja apuntó directamente a Tomás con dedo arrugado y feo, y le gritó con una voz de bruja terrible: - ¡Pórtate bien! O si no… 
Tomás no podía creer lo que acababa de escuchar, la bruja sabía todo y lo estaba amenazando. Cuando su madre regresó del trabajo, lo primero que hizo el niño, fue contarles todos los desastres que había hecho. De las galletas y del vidrio de la ventana del comedor que había quebrado, y se quedó muy triste en espera de su merecido castigo. En lugar de un buen reto, su mamá le dio un gran beso y abrazo. No porque lo felicitara por las maldades, que estaban muy mal, sino porque estaba feliz de que su hijo fuese valiente y honesto, y se hubiese atrevido a confesar la verdad aunque esto pudiera traerle un severo castigo. Desde ese día, Tomás se portó bien y dijo siempre la verdad. Ya no hizo maldades, ni tuvo motivos para temerle a la bruja de la televisión.  Ernesto Langer Moreno
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EL VIOLÍN Y LA MARIPOSA
Érase una vez en un país lejano y cercano, un violín viejo y destemplado -que sepultado al fondo de un armario- vivía sus horas más amargas, olvidado del viento y de unas manos que supieran extraer como antaño, sus más hermosas melodías. Sucedió que un día, el armario crujió y de pronto, una de sus puertas quedó apenas entreabierta, lo suficiente, para que un gusano lento y despistado, se colase por ese espacio, deteniéndose justo a la entrada del agujero que una polilla había abierto en el estuche de cuero que le contenía, más a modo de tumba que de casa.  El gusano -en busca de acomodo- encontró aquella apertura interesante y por ella se deslizó sin pensárselo. Trepó y trepó hasta encontrar en la caja de resonancia, un lugar cómodo y agradable donde cobijarse y ahí, sin saber cómo, empezó a construirse un albergue, confortable y cálido.  El violín estaba confuso y asombrado., sentía que un copo de vida le habitaba en las entrañas…y aun cuando todo aquello era del todo extraño, se decidió a servir de nido para aquella criaturita extraviada. No habían pasado ni dos horas, cuando todo un mar de ruidos invadió la estancia donde se encontraba el armario.  Sus puertas ahora se abrieron de par en par y unas manos, pequeñas y blancas lo transportaron a un jardín luminoso, donde por primera vez en décadas, el violín pudo sentir la suave caricia del viento oscilante, paseándose por cada una sus cuatro cuerdas y el calor de sol, envolviendo su menudo cuerpo. El violín estaba encantado.  Reconoció los ojos que lo observaban, las manos que por años no lo sostuvieron y reconoció en ese par de ojos y ese par de manos, el dulce ímpetu y la pasión añorada, la música dormida en su sueño alado. Un anciano acariciaba su piel rota, tembloroso e inestable, derramó una lágrima que fue a parar directamente al capullo que había formado el gusano, oculto en las tripas del viejo violín destartalado. El viejo, que vivía de recuerdos como su violín destemplado, aun soñaba con la música perdida y mágica que volviera a darle vida; por lo que afinándolo, se lo entregó con todo el amor que pudo expresar a su pequeña nieta de ocho años.  La pequeña, una niña tímida y dulce, comenzó a tocar, también tímida y dulcemente, una hermosa melodía, en un instante, dejándose arrastrar por la emoción, llena de arrebato y dulzura, ocurrió nada más que lo que tenía que ocurrir: la música despertó al viejo, la música despertó al violín y la música despertó a la mariposa, que antes fue gusano en el. Sacado de la Red
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el pájaro de la verdad
 Érase un pescador muy pobre, que vivía en una choza a orilla del mar. Un día, estaba el pescador en el río y vio flotar en la corriente un arca de cristal con un niño y una niña recién nacidos en ella. El pobre pescador sintió lástima y los recogió, aunque ya tenía ocho hijos. Su mujer le recriminó por su acción, pero el pescador resignado, le contestó que si Dios se los enviaba, seguro que los ayudaría a criarlos. Y así sucedió, los pequeños crecieron sanos y robustos. Eran tan buenos, que el pescador y su mujer, vivían poniéndolos como ejemplo de sus otros hijos, lo cual despertó su envidia y enojo. Los hermanos les hacían mil maldades a los huerfanitos y ellos, para escapar a su furia, se refugiaban en el bosque a orillas del río y jugaban con los pájaros. Hicieron buena amistad y los pájaros les enseñaron a levantarse temprano y el idioma de los pájaros, además de muchas otras cosas.  Cierto día, los hijos del pescador estaban más rabiosos que de costumbre e increparon a los mellizos, reprochándoles porque no tenían padres. Los pequeños sintieron tanta tristeza y vergüenza, que a la mañana siguiente huyeron de la chocita del pescador, sin que nadie los escuchara.  Se dirigieron al campo y caminaron sin parar. Al mediodía, todavía no habían visto a nadie, estaban cansados y sedientos. Se internaron en un montecillo y encontraron una casita, cerrada y con sus dueños ausentes. Se sentaron bajo el alero de la puerta a descansar. A poco rato, algunas golondrinas se reunieron en el tejado y comenzaron a conversar. Como los niños habían aprendido el lenguaje de los pájaros, podían comprender la conversación. Conversaban dos aves, una de visita de la ciudad y otra residente del campo, preguntándose por las novedades. La golondrina de la ciudad, que vivía en un palacio, comentó sus experiencias con los humanos:  - El Rey se enamoró de la hija menor de un sastre y se casó con ella, era una niña muy buena. Pero resulta que el Rey debió partir para la guerra, justo cuando su mujer estaba embarazada. Pobre muchacha, los ministros y cortesanos que no la querían, aprovecharon para deshacerse de ella. Dijeron al Rey que la Reina había tenido un gato y una culebra por hijos. El Rey creyó la historia y mandó que los echaran al río y que emparedasen a la reina. Y así se hizo.  Las golondrinas se lamentaron por la suerte de la Reina y de los pequeños inocentes. Y los mellizos comenzaron a sospechar que ese era su origen. La narradora prosiguió: - Pero no lloren, porque Dios ha intervenido. La Reina fue asistida por su ama, que la quería bien. La buena mujer hizo un agujero en la pared y por allí le suministra alimentos, y sigue viva en su horrenda prisión. Los niños fueron recogidos por un buen pescador, que los ha criado. Los mellizos estaban felices de conocer su origen. Las golondrinas estaban entusiasmadas por la posibilidad de que los pequeños pudieran reunirse un día con su padre y liberar a su madre. 
Pero esto no era tan simple, sólo había una manera de convencer al rey de su error y desenmascarar a los ministros. Se lo había dicho un pájaro cucú (que es un pájaro zahorí . La golondrina contó lo que el cucú le había dicho: - Sólo el Pájaro de la Verdad puede convencer al rey, pues él habla la lengua de los hombres, aunque la mayor parte del tiempo, ellos no quieren entenderle. Ese pájaro está en el castillo de “Irás y no volverás”, que está guardado por un gigante terrible que sólo duerme durante un cuarto de hora. No sé dónde está el castillo. Pero sé que cerca hay una torre, donde vive una bruja pícara que conoce el camino, y está dispuesta a contarlo a quien le traiga el agua de muchos colores de la fuente del castillo, que ella utiliza para sus encantos. Pero no dirá jamás donde está el Pájaro de la Verdad, pues lo detesta y quiere verlo muerto, pero como ese pájaro no puede morir, entonces lo tiene encerrado en el castillo con el gigante y custodiado por los pájaros de la mentira que no lo dejan respirar.  - ¿Pero nadie más podrá contarles dónde está escondido el Pájaro de la Verdad? - Sólo un mochuelo ermitaño que apenas sabe la palabra “cruz”, en el idioma de los hombres, por lo que no logrará hacerse entender si los niños se llegaran hasta él. La golondrina se despidió de sus amigas, pues estaba por ocultarse el sol, y los niños marcharon con el mismo rumbo, sin sentir hambre ni cansancio. En poco tiempo llegaron a una ciudad, que suponían era la de su padre y pidieron albergue por la noche en casa de una buena mujer que encontraron. Como a la mañana siguiente se levantaran tan temprano e hicieran los quehaceres, la mujer les propuso que vivieran con ella. El pequeño dejó allí a su hermana y se despidió. Anduvo tres días sin encontrar la torre y al cuarto, estaba ya desesperanzado, cuando vio llegar a una tórtola y le preguntó por el castillo. La paloma le dijo que siguiera el viento. Así lo hizo, y en el campo árido, encontró a la noche la torre donde vivía la bruja. Era un lugar temible, pero el niño prosiguió y tocó a la puerta. Lo recibió una vieja horrenda rodeada de sabandijas. La bruja se molestó y le dijo que se lo diría al día siguiente, pero el niño insistió, por lo cual, la bruja no tuvo más remedio que acceder, pero le exigió que llevase el agua mágica.  - Debes traerme el “agua de muchos colores” que brota de la fuente que está en el patio del castillo. Si no me la traes, te convierto en lagartija para toda la eternidad. La bruja ordenó a un pobre perro flaco que lo condujera al castillo sin avisar al gigante. Llegaron al castillo en apenas dos horas y las puertas estaban abiertas. El perro no quiso continuar y se puso a aullar. El niño se refugió bajo el único árbol que había, y fue cuando escuchó el llamado del mochuelo ermitaño. El niño pidió su ayuda y el mochuelo contestó: - Llena el jarro con el agua clara que brota del manantial al pie de la fuente del “agua de muchos colores”. Ve a la pajarera y no elijas a los pájaros vistosos que te gritarán que son el Pájaro de la Verdad. Elije al pajarito blanco que tienen arrinconado. Date prisa, pues el gigante acaba de dormirse y no tienes más que un cuarto de hora.  El niño obedeció al mochuelo y logró su cometido. Se encaminó luego a la torre de la bruja. Cuando le entregó el agua, la bruja se la echó encima, creyendo que era el agua mágica y que lo convertiría en un loro, pero como era agua pura, el niño se puso más hermoso. Al instante, acudieron todas las sabandijas a empaparse en el agua pura, y como eran personas hechizadas, se convirtieron nuevamente en caballeros, princesas, músicos, niños y demás. Cuando la bruja vio lo sucedido, tomó su escoba y echó a volar. Los desencantados agradecieron al niño y se marcharon. El niño fue por su hermana, pero les restaba llegar al Rey. De alguna forma, los cortesanos estaban enterados de la llegada del Pájaro de la Verdad a la corte y estaban prevenidos. Pero tanto se habló del asunto, que el Rey se enteró, y desoyendo los consejos, quiso ver al pájaro. El niño se presentó en el castillo con el pájaro en su pecho, pero no le dejaron entrar. Entonces el Pájaro de la Verdad se escapó y llegó hasta el Rey y le contó lo sucedido. El rey mandó buscar a los niños y quiso saber quiénes eran. A lo que el niño respondió que se lo preguntar al Pájaro de la Verdad.  El pájaro contó todo al Rey. Apenas éste le hubo escuchado, estrechó a los niños entre sus brazos y mandó liberar a la Reina. La Reina estaba tan desmejorada que parecía un cadáver, pero al ver a sus hijos, la sangre retornó a su cuerpo y se puso más hermosa que nunca. Mandó traer al pescador y a su esposa y los nombró: Ministro de la Pesca y Duquesa de la Huelga. Se repartieron muchas gracias y dones. Y yo fui y vine y no me dieron nada. 
Fernán Caballero
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