Pero esto no era tan simple, sólo había una manera de convencer al rey de su error y desenmascarar a los ministros. Se lo había dicho un pájaro cucú (que es un pájaro zahorí
. La golondrina contó lo que el cucú le había dicho:
- Sólo el Pájaro de la Verdad puede convencer al rey, pues él habla la lengua de los hombres, aunque la mayor parte del tiempo, ellos no quieren entenderle. Ese pájaro está en el castillo de “Irás y no volverás”, que está guardado por un gigante terrible que sólo duerme durante un cuarto de hora. No sé dónde está el castillo. Pero sé que cerca hay una torre, donde vive una bruja pícara que conoce el camino, y está dispuesta a contarlo a quien le traiga el agua de muchos colores de la fuente del castillo, que ella utiliza para sus encantos. Pero no dirá jamás donde está el Pájaro de la Verdad, pues lo detesta y quiere verlo muerto, pero como ese pájaro no puede morir, entonces lo tiene encerrado en el castillo con el gigante y custodiado por los pájaros de la mentira que no lo dejan respirar.

- ¿Pero nadie más podrá contarles dónde está escondido el Pájaro de la Verdad?
- Sólo un mochuelo ermitaño que apenas sabe la palabra “cruz”, en el idioma de los hombres, por lo que no logrará hacerse entender si los niños se llegaran hasta él.
La golondrina se despidió de sus amigas, pues estaba por ocultarse el sol, y los niños marcharon con el mismo rumbo, sin sentir hambre ni cansancio. En poco tiempo llegaron a una ciudad, que suponían era la de su padre y pidieron albergue por la noche en casa de una buena mujer que encontraron. Como a la mañana siguiente se levantaran tan temprano e hicieran los quehaceres, la mujer les propuso que vivieran con ella. El pequeño dejó allí a su hermana y se despidió.
Anduvo tres días sin encontrar la torre y al cuarto, estaba ya desesperanzado, cuando vio llegar a una tórtola y le preguntó por el castillo. La paloma le dijo que siguiera el viento. Así lo hizo, y en el campo árido, encontró a la noche la torre donde vivía la bruja. Era un lugar temible, pero el niño prosiguió y tocó a la puerta. Lo recibió una vieja horrenda rodeada de sabandijas. La bruja se molestó y le dijo que se lo diría al día siguiente, pero el niño insistió, por lo cual, la bruja no tuvo más remedio que acceder, pero le exigió que llevase el agua mágica.

- Debes traerme el “agua de muchos colores” que brota de la fuente que está en el patio del castillo. Si no me la traes, te convierto en lagartija para toda la eternidad.
La bruja ordenó a un pobre perro flaco que lo condujera al castillo sin avisar al gigante.
Llegaron al castillo en apenas dos horas y las puertas estaban abiertas. El perro no quiso continuar y se puso a aullar. El niño se refugió bajo el único árbol que había, y fue cuando escuchó el llamado del mochuelo ermitaño. El niño pidió su ayuda y el mochuelo contestó:
- Llena el jarro con el agua clara que brota del manantial al pie de la fuente del “agua de muchos colores”. Ve a la pajarera y no elijas a los pájaros vistosos que te gritarán que son el Pájaro de la Verdad. Elije al pajarito blanco que tienen arrinconado. Date prisa, pues el gigante acaba de dormirse y no tienes más que un cuarto de hora.

El niño obedeció al mochuelo y logró su cometido. Se encaminó luego a la torre de la bruja. Cuando le entregó el agua, la bruja se la echó encima, creyendo que era el agua mágica y que lo convertiría en un loro, pero como era agua pura, el niño se puso más hermoso. Al instante, acudieron todas las sabandijas a empaparse en el agua pura, y como eran personas hechizadas, se convirtieron nuevamente en caballeros, princesas, músicos, niños y demás. Cuando la bruja vio lo sucedido, tomó su escoba y echó a volar. Los desencantados agradecieron al niño y se marcharon. El niño fue por su hermana, pero les restaba llegar al Rey.
De alguna forma, los cortesanos estaban enterados de la llegada del Pájaro de la Verdad a la corte y estaban prevenidos. Pero tanto se habló del asunto, que el Rey se enteró, y desoyendo los consejos, quiso ver al pájaro.
El niño se presentó en el castillo con el pájaro en su pecho, pero no le dejaron entrar. Entonces el Pájaro de la Verdad se escapó y llegó hasta el Rey y le contó lo sucedido. El rey mandó buscar a los niños y quiso saber quiénes eran. A lo que el niño respondió que se lo preguntar al Pájaro de la Verdad.

El pájaro contó todo al Rey. Apenas éste le hubo escuchado, estrechó a los niños entre sus brazos y mandó liberar a la Reina. La Reina estaba tan desmejorada que parecía un cadáver, pero al ver a sus hijos, la sangre retornó a su cuerpo y se puso más hermosa que nunca.
Mandó traer al pescador y a su esposa y los nombró: Ministro de la Pesca y Duquesa de la Huelga. Se repartieron muchas gracias y dones. Y yo fui y vine y no me dieron nada.

Fernán Caballero